domingo, 22 de junho de 2014

Família Imperial do Brasil e os Reis da Bélgica em evento no Rio de Janeiro

Foi reinaugurada no Rio de Janeiro, a Avenida Rainha Elisabeth, que liga Copacabana a Ipanema.


Em cerimônia no dia 21 de junho, o Rei Filipe e a Rainha Matilde da Bélgica reinauguraram a Avenida e descerraram a placa que homenageia sua bisavó, a Rainha Elisabeth, Rainha da Bélgica de 1909 a 1965, localizada sob o busto do Rei Alberto I, na mesma via.

Dom Antonio e Dona Christine são recebidos pela primeira dama do Estado do Rio de Janeiro, Sra. Maria Lucia Horta Jardim

Sob os olhares atentos dos primos - Dom Antonio e Dona Christine (atrás) - o Rei e a Rainha da Bélgica recebem os cumprimentos da população

O busto do Rei Alberto I

Os atuais Soberanos belgas colocam flores sob a estátua do Rei Alberto I da Bélgica


O Rei Alberto I e a Rainha Elisabeth estiveram no Brasil em 1920 e, com esta viagem, contribuíram substancialmente com o desenvolvimento e crescimento do Brasil, defasado com a república. Foi através desta viagem, por exemplo, que se originaram várias empresas especializadas em mineralogia e também algumas das casas de caridade, que já naquela época assistiam os carentes vitimados pelo novo regime. Os cariocas, para homenagear o casal real, deram o nome da importante Avenida à Rainha e um busto ao Rei.

Compareceram à reinauguração, os primos dos Soberanos belgas, o Príncipe Dom Antonio e a Princesa Dona Christine de Orleans e Bragança, representando a Família Imperial do Brasil. Dona Christine, nascida Princesa de Ligne, das Casas mais antigas e nobres da Bélgica, para qual foi oferecida o Trono daquele país ainda no século XIX, cresceu juntamente com os Príncipes da Bélgica, tendo grande amizade com os Monarcas. Dom Antonio, da mesma forma, sendo primo e gozando das mesmas dignidades da Família Real da Bélgica, teve, junto com seus pais e irmãos, o prazer de receber, várias vezes, o Rei Filipe, ainda enquanto Príncipe, no Brasil.

O evento de reinauguração contou com a organização do Consulado da Bélgica no Rio de Janeiro, através do Consul Bernard Quintin, e do Governo do Estado. Presentes o Ministro das Relações Exteriores da Bélgica, o corpo Consular, a primeira dama do Estado, Sra. Maria Lucia Horta Jardim e autoridades do Estado, Munícipio, além da população, que acompanhou com alegria o ato.       

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Imagens: Lu Lacerda, Agência Brasil, GERJ e Arquivo do Blog Monarquia Já

A superioridade da Monarquia


Em sua Proclamação, no dia 19 de junho de 2014, o Rei Don Felipe VI da Espanha deixou calara a superioridade da monarquia comparada a qualquer outra forma de governo:

Em espanhol

La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles

S.M. el Rey Don Felipe VI

Madrid, 19.6.2014

Em português

A Independência da Coroa, sua neutralidade política e sua vocação integradora ante as diferentes opções ideológicas, permitem-na contribuir com a estabilidade do nosso sistema político, facilitar o equilíbrio com os demais órgãos constitucionais e territoriais, favorecer o ordenado funcionamento do Estado e ser a base para a coesão entre os espanhóis.  

S.M. o Rei Don Felipe VI

Madri, 19.06.2014

Na Espanha, os monarquistas fizeram uma comparação sobre os gastos dos governos republicanos e monárquicos: 



O Rei Católico Don Felipe VI da Espanha

A despeito da triste crise de fé e moral que abala não só a Espanha, mas todo o mundo, na tarde de domingo, 22 de junho de 2014, celebrou-se na Capela Real do Palácio da Zarzuela, Santa Missa de Ação de Graças pela ascensão de Don Felipe VI ao Trono espanhol.   

Don Felipe, ainda Príncipe das Astúrias, recebendo sua primeira Comunhão
Imagem: divulgação


Sofrendo fortes pressões da ala republicana, comunista e socialista, o Governo optou por cumprir a risca o que manda a Carta Magna, com relação o caráter laico da Chefia de Estado e de Governo. No entanto, manifestando seus interesses e inclinações, Don Felipe VI se mantem como Rei Católico e Defensor da Fé, prerrogativa a que os Soberanos da Espanha tem direito desde a união do Reino no século XV, com o casamento dos Reis Fernando II de Aragão e Isabel I de Castela. Ainda como forma de manifestar sua fé e colocar seu Reino aos serviços da Santa Igreja, Don Felipe anunciou que no próximo dia 30 fará sua primeira visita oficial como Rei da Espanha, tendo como destino o Vaticano.

 Don Felipe e Dona Letícia, em trajes formais - conforme previa o belo cerimonial pontifício, em audiência com São João Paulo II
Imagem: divulgação 

Don Felipe cumprimenta S.S, o Papa Francisco em Missa Solene no Vaticano
Imagem: divulgação

A Rainha Letícia faz reverência ao Cardeal Arcebispo de Madri, S.E., Don Antonio María Rouco Varela
Imagem: divulgação


A Santa Missa no Palácio da Zarzuela foi celebrada pelo Arcebispo de Madri, S.E., o Cardeal Don Antonio María Rouco Varela e pelo  Arcebispo Castrense, S.E.R. Don Juan del Río, na presença do Rei Don Felipe, da Rainha Dona Letícia, e dos antigos Soberanos Don Juan Carlos e Dona Sofia, além de outros membros da Casa Real Espanhola.  

Ainda em 19 de junho, dia da Proclamação do Rei Don Felipe VI, o Arcebispo de Toledo e Primaz da Espanha, em Missa Solene, pediu orações ao novo Rei, como relata a íntegra de sua homilia (em espanhol):

Homilía del Sr. Arzobispo en la Santa Misa en la Catedral Primada

Toledo, 19 de junio de 2014

Mis respetos y mi saludo a cuantos hoy celebráis en el Rito Hispano-Mozárabe la hermosa liturgia del Santísimo Cuerpo de Cristo; el amor del Señor en este día va sobre todo para los enfermos y mayores que conectáis con la Catedral por radio y televisión: os tenemos presentes y oramos por vosotros. Hoy es un día grande para España y pido oraciones por nosotros y por el Rey.

La Palabra de Dios es muy breve en esta Misa; pero la Escritura es siempre jugosa y nos deja ese olor a pan recién hecho, como gustaba decir san Francisco. Precisamente los Proverbios de Salomón hablan de cómo la Sabiduría del Padre, que es el Hijo, ha edificado su casa, ha labrado siete columnas, ha sacrificado víctimas, ha mezclado el vino y ha preparado la mesa. Sí hermanos, Dios tiene dispuesto un banquete, y ha enviado a sus criados a anunciar en los puntos que dominan la ciudad: "Venid aquí los inexpertos"; y a los faltos de juicio les dice: "Venid a comer de mi pan, a beber el vino que he mezclado; dejad la inexperiencia y viviréis, seguid el camino de la inteligencia".

Si tuviera que destacar en los libros de la Sagrada Escritura una imagen para expresar el amor salvador a los hombres y mujeres, esta imagen bien podría ser la del banquete preparado -para la boda de su Hijo se explícita en el NT- y la invitación insistente a que todos vengan a festejar semejante alegría. ¡Qué impresionante! Sin duda que nosotros, jóvenes siempre inexpertos e imprudentes, podemos rechazar semejante fiesta y banquete. Pero entonces no tendremos el gozo de quien encuentra a Cristo, ni encontraremos la vida ni el favor del Señor. Eso sí, Cristo siempre dirá: dichosos el hombre y la mujer que me escucha. La invitación sigue. Seguirá siempre abierta.

Nosotros, pues, no hacemos más que recibir una tradición, que procede de Jesús, y que transmitimos al mundo y la siguiente generación cristiana: "Que el Señor Jesucristo, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía. Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía". Es lo que ha proclamado el lector hace breves momentos.

Esta memoria o memorial de Jesús no es algo trivial. Bien lo saben los que desgraciadamente profanan la Eucaristía robando sagrarios o esparciendo formas consagradas. No. Es la fuerza del amor de Cristo que nos urge, nos juzga y nos saca de nuestro interés y desamor. Es el signo perenne del amor de Dios, tantas veces desconocido, ignorado al no apreciarlo. Este Cristo es el mismo que está en el más pobre, en el que sufre, al que nos acercamos, porque, si en este mundo no hay caridad y atención al ser humano en su totalidad, de poco valen tantos esfuerzos por procurar buena economía, como tampoco tanto gritar cambios antisistema sin comenzar a cambiar personalmente ni acercarse a la realidad de cada día.

No aprovechar la fuerza que tiene este Cristo, pan y vino para la vida del mundo, significa no tener en cuenta la carne que es verdadera comida y la sangre que es verdadera comida del que ha sido enviado por el Padre de los cielos, que vive por el Padre. Quiero decir que resolver el hambre y la sed de los hombres no termina con solucionar problemas de necesidad humana perentoria. Sin duda esta preocupación es muy importante; pero somos los hombres y mujeres sujetos de muchas necesidades: los humanos somos también ansias de gozo, deseos de justicia, ganas de belleza y armonía, búsqueda de la fraternidad. "El que me come vivirá por mí".

A lo largo de la historia, Jesús ha llamado siempre la atención de los humanos; desde los discípulos de Emaús, muchos han advertido hacia aquel hombre misterioso una extraordinaria atracción, y lo invitaron a quedarse con ellos. Jesús aceptó y entró en su casa. Y cuando estando en la mesa bendijo el pan y lo partió, ellos le reconocieron. Pero también reconocieron que en realidad era Él quien les invitaba al Banquete de un pan partido para la vida del mundo.

"Roguemos para que todo cristiano, reviviendo la experiencia de los discípulos de Emaús, especialmente en la Misa Dominical, redescubra la gracia del encuentro transformante con el Señor, con el Señor resucitado, que está con nosotros siempre. Hay siempre una Palabra de Dios que nos guía en vuestra desorientación; y un Pan partido que nos hace seguir adelante" (Papa Francisco, Regina Coeli, 4 de mayo 2014).

quinta-feira, 19 de junho de 2014

A Espanha tem um novo Rei

Reconhecimento popular
Imagem da comunidade "Si queremos a Felipe VI" da rede social Facebook


Os espanhóis tem um novo Rei. Em cerimônia no Parlamento e sob forte aclamação popular, o Príncipe das Astúrias foi proclamado Rei Felipe VI da Espanha.

Don Juan Carlos I, grande paladino da democracia, passa a faixa de Capitão General ao filho e sucessor, Don Felipe VI 


Dona Letícia e as Infantas ouvem o discurso do novo Rei 


A Família Real Espanhola no balção do Palácio Real

Do balcão do Palácio, a Família Real é aclamada pelo povo


Jovens monarquistas espanhóis comemoram as festas com apliques exclusivos em camisetas e blusas 


Cedendo as pressões políticas da pequena – mas perigosa – ala republicana, de esquerdistas e de comunistas, que fizeram Dom Juan Carlos I abdicar, o protocolo real optou por não incluir no cerimonial a tradicional Santa Missa que antecede há séculos as coroações e proclamações na Espanha. Uma demonstração clara da chamada Cristofobia que se vive hoje. Anteriormente, as pressões violentas, oriundas ainda dos revolucionários franceses, já haveriam de impedir a realização das cerimônias de coroação, ficando a Coroa e o Cetro relegados, como mera figura simbólica, num nicho próximo ao Trono. Os espanhóis se perguntam se estes mesmos revolucionários terão a coragem de retirar a cruz que encima a Coroa, os brasões e a bandeira da Espanha...



Com a proclamação de Don Felipe como Rei da Espanha, sua filha, a Infanta Dona Leonor, de 9 anos, passa a ser a Princesa das Astúrias e Herdeira do Trono da Espanha.

O site da Casa Real da Espanha, através dos arquivos multimídias, traz vídeos e imagens sobre as cerimônias ocorridas em Madri.  

Vista geral do Parlamento no momento da proclamação do Rei Felipe VI


O Blog Monarquia Já saúda o Rei Don Felipe VI e o povo Espanhol.

terça-feira, 17 de junho de 2014

Agende-se: o XXIV Encontro Monárquico será em setembro


A maior reunião monarquista do Brasil já tem data para acontecer. O XXIV Encontro Monárquico foi anunciado pela assessoria da Casa Imperial do Brasil e será realizado no mês dedicado à Pátria.

O programa inicial informa que no dia 6 de setembro, durante todo o sábado, será realizado XXIV Encontro Monárquico, no Windsor Flórida Hotel, no Flamengo e, no dia posterior – 7 de setembro - domingo, ocorrerá a tradicional Santa Missa pelo 76º aniversário de S.A.I.R. o Príncipe Dom Luiz de Orleans e Bragança, na Igreja de Nossa Senhora da Glória do Outeiro, seguido de almoço comemorativo da data, no mesmo hotel. O programa completo será divulgado em breve pelo Pró Monarquia e transcrito no Blog Monarquia Já.


Participe e ajude a reconstruir a dignidade do Brasil. 

18 de junho: Proclamação de Felipe VI, Rei da Espanha

O Príncipe das Astúrias, Don Felipe, será proclamado Rei nos dias 18 e 19 de junho de 2014. A cerimônia ocorrerá em Madri e será acompanhada por milhares de pessoas.


Acompanhe o cerimonial divulgado pelo Palácio Real:

18 DE JUNHO

18h00 – ATO DE ABDICAÇÃO – O Rei Juan Carlos I assinará o documento oficial, no Palácio da Zarzuela, que reconhecerá o Príncipe Felipe como novo Rei.

9 DE JUNHO

9h30 – CAPITÃO GENERAL - O Rei Juan Carlos passará a faixa de Capitão-General ao Rei Felipe VI no Palácio da Zarzuela.

10h – PARLAMENTO - O Rei Felipe VI e a Rainha Letizia, acompanhados da Família Real, com exceção de Dom Juan Carlos e Dona Sofia, seguirão para Parlamento.

10h30 – PROCLAMAÇÃO – O rei e a Família Real serão saudados pelos membros do Parlamento, das intuições nacionais e demais representantes do povo, sendo proclamado Rei Felipe IV da Espanha. Ainda no Parlamento o Rei fará um discurso e será homenageado com um desfile militar.

11h30 – ACLAMAÇÃO POPULAR - O Rei e a Rainha, acompanhados pelas filhas, seguirão para o Palácio da Zarzuela em carro aberto sendo saudados pela população.


13h – RECEPÇÃO – A Família Real da Espanha saudará a população do balcão central do Palácio Real e oferecerá uma recepção para convidados.

Realeza na Copa do Mundo 2014

Apesar de todas as vergonhas impostas pela república e o despreparo geral, durante o período da Copa do Mundo, entre os meses de junho e julho, o Brasil receberá a visita de 21 Chefes de Governo e de Estado que virão prestar apoio as Seleções dos seus respectivos países. 

Dentre as 21 autoridades, estão incluídos o Rei Willem Alexander e a Rainha Máxima da Holanda, o Rei Filipe e a Rainha Matilde da Bélgica, o Príncipe Albert II de Mônaco, o Emir Tamin Bin Hamad al-Thani do Catar e o Príncipe Harry de Gales, representando o Reino Unido da Grã-Bretanha. 

O Rei e a Rainha da Holanda desembarcam no dia 18 de junho em Porto Alegre 

O Rei a e Rainha da Bélgica chegam no dia 22 de junho

O Príncipe Albert II de Mônaco está no Brasil desde 15 de junho

O Príncipe Harry vem ao Brasil na terceira semana do mundial e visita Brasília, Amazonas e São Paulo

Emir do Catar: no Brasil desde a abertura da Copa

A Copa não é mais deles!

O Blog Monarquia Já tem a honra de transcrever o artigo do destacado monarquista e analista político José Carlos Sepúlveda da Fonseca, em seu blog Radar da Mídia, sobre a Copa do Mundo 2014:

A Copa não é mais deles!


Por José Carlos Sepúlveda da Fonseca

Inicia-se, neste dia 12 de junho, a Copa do Mundo. Realizada no Brasil – corriqueiramente designado país do futebol – a Copa deveria comportar, naturalmente, uma euforia contagiante.

Entretanto, os sentimentos são contraditórios entre os brasileiros. Junto a uma natural alegria e expectativa, a população parece ao mesmo tempo envolta por certa perplexidade, motivo pelo qual, até agora, não são muitas as bandeiras e as manifestações exteriores que habitualmente marcam o ambiente pré-Copa, tanto mais sendo esta realizada em território nacional.

Da apoteose ao pesadelo

Muito se tem dito e escrito a respeito desta Copa do Mundo e não é minha intenção debruçar-me aqui sobre temas já muito batidos, como, por exemplo, os inexplicáveis e faraônicos gastos envolvidos na preparação da mesma.

Gostaria apenas de fazer uma reflexão e tentar apontar o motivo pelo qual, para o PT – mais precisamente para Dilma e seu mentor, o ex-presidente Lula – a grande e anunciada apoteose da Copa se tornou um verdadeiro pesadelo.

Pesadelo, sim. Ou será por acaso que, neste momento, quem tenta de todos os modos convulsionar o ambiente da Copa do Mundo, com greves abusivas, com invasões de terrenos urbanos, com mobilizações de índios (reais ou fictícios), com queima de ônibus, são precisamente os “movimentos sociais”, os sindicatos e os grupelhos (estilo black blocs) incentivados e financiados pelo governo petista?

São eles que tentam mergulhar o País num clima de apreensão, de angústia e de incerteza, estragando a própria festa do futebol e denegrindo a imagem do Brasil no Exterior.

Recordar é viver

Ensina o velho provérbio português que “recordar é viver”. Permitam-me, pois, recordar algumas circunstâncias prévias à realização desta Copa.

Voltemos ao final de outubro do ano de 2007. Num clima de euforia, a imprensa anunciava aos quatro ventos: “a Copa do Mundo é nossa”! Todos os vinte membros do Comité Executivo da Fifa tinham votado a favor da candidatura do Brasil.

Ao anunciar a sede de 2014, Joseph Blatter salientara que o país que produziu os melhores jogadores do planeta teria o direito agora de sediar a Copa do Mundo.

Luís Inácio Lula da Silva, então Presidente, encabeçava a delegação brasileira presente na sede da Fifa, em Zurique. Após receber a taça da Copa do Mundo das mãos de Blatter, Lula afirmara, num tom de indisfarçável ufanismo, que o Brasil realizaria uma das maiores Copas de toda a história.

A euforia se espalhava e tudo parecia encaixar-se, como uma luva, no plano político de Lula.

Rumo ao terceiro mandato

Pela inoperância e condescendência de considerável parte da chamada oposição, Lula conseguira livrar-se do escândalo do Mensalão, e ser reeleito em 2006.

Estava, pois, no seu segundo mandato: a situação econômica era estável, devido, entre outras razões, a uma bonança externa, e a uma alta taxa de juros que atraía grandes fluxos de capitais especulativos; o dólar baixava, o risco Brasil caía.

De outro lado, o PT acentuava o aparelhamento do Estado e a política externa era cada vez mais submissa aos interesses ideológicos dos países bolivarianos, com a Venezuela de Chávez à cabeça.

Pouco tempo antes da escolha da Fifa, começavam os primeiros rumores e manobras políticas para um terceiro mandato de Lula, que abordei neste blog mais de uma vez. Havia até acenos petistas para uma reforma constitucional. A possibilidade do terceiro mandato acenava, a longo prazo, para uma vitaliciedade de Lula no poder, ao estilo de Hugo Chávez.

A Copa do Mundo estava, pois, calculada para ser um grande evento, de repercussão mundial, que consagrasse a permanência no poder do caudilho petista.

Tudo seria grandioso. Haveria investimentos em infra-estrutura, estádios faraônicos, o famoso trem-bala e até mesmo o jogo inaugural da Copa teria seu significado mais profundo nesta apoteose lulo-petista. A abertura da Copa do Mundo, no Itaquerão, fazia parte, a meu ver, do ufanismo que seria criado em torno da imagem de Lula, o “pai dos pobres”, o qual, segundo as lendas farta e generosamente divulgadas pela mídia internacional, resgatara milhões de excluídos das periferias, com seus programas sociais.

Percalços do lulo-petismo

Entretanto, os planos lulo-petistas desandaram. As tentativas do então presidente Lula de um terceiro mandato esbarraram na resistência ponderável de setores importantes da sociedade. E Lula teve de contentar-se com o “poste”, como ele mesmo chegou a designar a então candidata à presidência, Dilma Rousseff.

A postura da oposição, sempre sofrível e condescendente, viabilizou um terceiro mandato do PT. Muitos ingênuos ou mal-intencionados elogiavam a presidente eleita como “gerentona”, a mulher que faria uma devassa na corrupção, e que ao mesmo tempo – se me permitem o neologismo – desideologizaria a diplomacia, a política interna, econômica, etc.

Mas Lula continuava a dar as cartas. O projeto intervencionista e estatista foi-se configurando, cada vez mais. E os tiques bolivarianos, acentuando-se.

A Copa do Mundo, como grande espetáculo do lulo-petismo, começava a periclitar.

Manifestações de junho

As manifestações de junho do ano passado vieram mudar definitivamente o panorama político do País. Como tive oportunidade de expor, em palestra proferida em Fortaleza, o movimento que dera início às manifestações, dirigido por grupelhos de esquerda – como o Passe Livre – mancomunados com o governo, pretendia dar um golpe nas instituições e na Constituição, e instaurar a “democracia das ruas”. O próprio discurso da presidente, na época, e suas manobras políticas na tentativa de uma Constituinte específica para a reforma política, desvelavam essa intenção.

Mas o movimento inicial foi ultrapassado por um transbordar de mal estar – até então silencioso e difuso – que levou às ruas de todo o Brasil milhões de pessoas, num inequívoco sinal do desgaste do projeto político do PT, em amplas camadas da população.

Desde então, esse desgaste não fez senão aumentar e, a realização da Copa do Mundo se dá, precisamente, no momento em que o mesmo chega a seu auge.

A Presidente, em suas andanças pelo País, na campanha eleitoral antecipada, recebe vaias por toda a parte e de todo o tipo de público; o “Fora Dilma e leve o PT junto” se tornou recorrente.

Apesar de quererem ver a Seleção brasileira vitoriosa, muitos se sentem envergonhados por todas as manobras de baixa política e pela gastança a que a Copa deu azo; e outros chegam até a torcer contra, para que o governo petista seja prejudicado.

A Copa não é mais deles!

É por este motivo que a grande e anunciada apoteose da Copa do Mundo, em favor do lulo-petismo, se transformou num pesadelo. Lula que sonhara com aclamações pessoais e de seu projeto político, assistirá aos jogos em casa. Dilma Rousseff, que contava com a Copa do Mundo como passo para sua reeleição, receosa de uma vaia no Estádio na cerimônia de abertura, antecipou seu discurso, fazendo-o em cadeia nacional de rádio e televisão, tentando defender seu governo, com uma série de imprecisões e falsidades, logo desmascaradas pela mídia.

É por este motivo que a máquina lulo-petista põe sua tropa de choque (sindicatos, movimentos sociais, etc.) para tentar tumultuar o evento de todas as formas.


É por este motivo também que a Copa não é mais deles!

sexta-feira, 6 de junho de 2014

S.A.I.R Dom Luiz de Orleans e Bragança: 76 anos


Em 06 de junho de 2014 completa 76 anos S.A.I.R., o Príncipe Dom Luiz de Orleans e Bragança, Chefe da Casa Imperial do Brasil.

Nesta data especial, o Blog Monarquia Já reforça seus desejos de fé, saúde e paz ao legítimo defensor dos interesses dos Brasileiros.

quarta-feira, 4 de junho de 2014

"Jornal da Cultura" fala sobre a abdicação do Rei Juan Carlos I da Espanha



Sobre a abdicação do Rei Juan Carlos I a Coroa da Espanha, o tendencioso “Jornal da Cultura”, financiado pelo governo federal, fez curiosa reportagem sensacionalista como tentativa de desqualificar o sistema monárquico de governo. Na abertura da matéria, a jornalista Luiza Moraes afirma que grande número da população espanhola é a favor de um referendo sobre a forma de governo, esquecendo-se de que mais de 85% da população daquele país se demostrou a favor do regime Monárquico recentemente. A repórter evidencia ao máximo a crise econômica na Espanha, atribuindo a abdicação de Sua Majestade a este fator, esquecendo-se mais uma vez de que toda a Europa e, inclusive o republicano Estados Unidos, emergiram numa crise ainda mais grave. Pior ainda, ignora o caso do Brasil, como se somente as Monarquias estivessem suscetíveis a crises. Apresenta a monarquia como se fosse algo distante da realidade e acrescenta que apenas 23% dos países do mundo são monarquias e que, nos países onde este sistema vigora, os “Príncipes e Princesas ditam moda e comportamento”, completando mesquinhamente que a “Casa Real Inglesa fecha todos os anos no vermelho”. A desinformação é tamanha, que a jornalista também esquece que o Reino Unido é uma potência econômica e referência no IDH justamente por ser uma Monarquia forte e estável, tentando, de má fé, associar supostos gastos e futilidades ao sistema. Erroneamente coloca o déficit nas contas públicas, quando se sabe que a Rainha Elisabeth II cobre, com sua renda pessoal, muitos dos gastos públicos, como viagens de Estado e até mesmo o prestigioso jubileu de diamante. 

A matéria refere que a monarquia mais antiga do mundo e mantida em Mônaco (com 800 anos de História), quando na verdade o sistema monárquico no Japão, na Dinamarca e na Inglaterra já ultrapassam 1.000 anos. 

Mesmo com a explicação da professora Ana Paula Torres Megiani, da Universidade de São Paulo, a jornalista ignora a fundamental separação entre a Chefia de Estado e de Governo.  

Entrevistado Dom Bertrand de Orleans e Bragança, Príncipe Imperial do Brasil, S.A.I.R., afirmou que "o único regime de garante a unidade, a estabilidade e a continuidade de uma nação. Ninguém sabe o que será o Brasil em 2015!" Cortando, maliciosamente, na edição final, a parte em que o Príncipe conclui sua fala sobre a superioridade da Monarquia.  

O Historiador Marco Antonio Villa, cometendo alguns erros, refere qua a Monarquia na Espanha é recente, esquecendo-se também que a tradição da Espanha é monarquista, visto que desde a união por casamento dos Reis Católicos (ainda no século XV), o Reino da Espanha assumiu esta forma de governo, sendo exceção apenas o período de 1873/74 e de 1932 a 1975, com repúblicas e ditaduras fracassadas, as quais os espanhóis rejeitaram de forma veemente, restituindo a Monarquia.           

Para chocar ainda mais o telespectador, o politico Airton Soares, ex-deputado federal – líder da bancada do PT, numa demonstração clara de sua ignorância e despreparo, repete desesperadamente que é necessário “destacar este movimento que surgiu lá [Espanha] por um plebiscito pra discutir se o regime continua sendo uma monarquia constitucional ou se volta a ser, como foi por um período, república. Acho que este é um movimento que nós devemos prestar bastante atenção”. Ora, o ex-deputado deve achar importante este movimento que quer referendar a monarquia constitucional e parlamentar, pois deve achar muito mais interessante um governo republicano, como o brasileiro, onde o presidente é chefe de Estado e de Governo, tendo poderes absolutos, governando com medidas provisórias, na pseudodemocracia do Brasil. Sem nenhum argumento, tenta também desqualificar a Monarquia, ignorando o terrível histórico das repúblicas na Espanha. O desinformado ex-deputado petista, Airton Soares, por sua desinformação, é vítima do sistema de governo que defende: a república. 

Numa tentativa de prejudicar a imagem da Monarquia espanhola, outra matéria traz um perfil detalhado da Princesa Dona Letícia da Espanha, expondo sua vida pregressa, acusando-a de conferir hábitos de vida de classe média ao marido e filhos, e mais uma vez o ex-deputado Alceu Soares, muito entusiasmado, demostrando sua veia de revoltoso/comunista, afirma: “taí uma Rainha diferente, [riso], vale 'a pena' observá-la. E o que ela já fez é muito importante pra essa questão de realeza”. 

O Jornal da Cultura demostrou que não é capaz de fazer um jornalismo isento, imparcial. Que jornalismo é esse que impede que o expectador faça seu juízo a respeito da notícia que ouve? Que jornalismo é esse que serve a interesses escusos? Que conduta ética é esta? É a mesma dos políticos descomprometidos, desinformados e ignorantes.       

terça-feira, 3 de junho de 2014

Rei Juan Carlos I da Espanha abdica em favor do Príncipe Filipe


Depois de ter restabelecido a paz e a democracia na Espanha, faltando apenas cinco meses para completar 40 anos de reinado, Sua Majestade, o Rei Juan Carlos I renunciou o Trono a favor de seu filho, o Príncipe Filipe.  

Nascido Dom Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón Dos Sicílias, em Roma, na Itália, durante o exílio da Família Real Espanhola, em 1938, é filho do Príncipe Dom Juan Carlos e da Princesa Dona Maria de las Mercedes de Bourbon Duas-Sícilias e Orleáns, Conde e Condessa de Barcelona. O Rei Juan Carlos I foi criado na Espanha, onde iniciou sua carreira militar, formando-se, na década de 60, em Direito Político e Internacional, Economia e Finanças Públicas. Em 1962, numa cerimônia assistida por seu primo, o então Príncipe Imperial, Dom Luiz de Orleans e Bragança (atual Chefe da Casa Imperial do Brasil) e diversos outros membros do Gotha do mundo todo, casou-se em Atenas com a Rainha Sofia, nascida Princesa da Grécia e Dinamarca, filha primogênita do Rei Paulo I e da Rainha Frederica da Grécia. O casal teve três filhos: a Infanta Helena, Duquesa de Lugo, a Infanta Cristina, Duquesa de Palma de Maiorca e o Príncipe Filipe, Príncipe das Astúrias.  

A Espanha, desde 1931, mergulhada numa profunda crise ocasionada pelos revoltosos da fracassada Segunda República espanhola, experimentou por 35 anos (1938 - 1973) a ditadura de Francisco Franco, que sem perspectiva de sucessão no mesmo regime, resolveu preparar Dom Juan Carlos como futuro Rei da Espanha. Em 1975, com a Solene Missa de Unção do Espírito Santo, foi coroado Rei da Espanha, na Igreja dos Jerônimos, em Madri. Com a morte de Franco, assumiu o poder como “Rei de todos os espanhóis”. Em 1976 implantou a Lei da Reforma Política. Convocou eleições democráticas que não ocorriam desde a implantação da malfadada república, e de 1976 a 1978, o Parlamento elaborou a atual Constituição que foi referendada e, logo, sancionada. Desde então, é Chefe de Estado, árbitro e moderador das instituições políticas da Espanha. Mesmo com a intensa atividade política de reestrutura da Soberania Nacional e reafirmação das garantias individuais, em 1981, golpistas tramaram a derrubada da Constituição e do poder do Monarca, nesta ocasião, a atuação do Rei Juan Carlos I, como defensor da Constituição e dos cidadãos, teve papel preponderante.  

O Rei da Espanha, por muitas vias, é primo do atual Chefe da Casa Imperial do Brasil, o Príncipe Dom Luiz de Orleans e Bragança, compartilhando como bisavô, Dom Alfonso de Bourbon Duas-Sícilias, Conde de Caserta e Chefe da Casa Real das Duas-Sícilias. Para além disso, a Princesa Dona Esperança (falecida em 2005), casada como seu primo, Dom Pedro Gastão de Orleans e Bragança, Príncipe de Orleans e Bragança (falecido em 2007), era tia do Rei Juan Carlos, irmã de sua mãe, a Condessa de Barcelona. Dom Juan Carlos I e Dom Luiz compartilham também como antepassado o Rei Luiz Filipe dos Franceses. Além destes parentescos próximos, a Casa Imperial do Brasil também descende da Casa de Bourbon, da qual também deriva o Rei da Espanha.   

Aos 76 anos de vida, dos quais 39 dedicados as atividade de Monarca, o Rei Juan Carlos I abdicou em favor de seu filho e Herdeiro, o Príncipe das Astúrias.  
 
 

Filipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, nascido em Madri em 1º de novembro de 1975, além de seguir a carreira militar – como o pai, é formado em Direito e Ciências Econômicas, tendo concluído mestrado em Relações Internacionais. É o atual Comandante do Corpo Geral da Armada e Comandante do Corpo Geral do Exército do Ar. 

Desde 1995, atendendo a compromissos como Herdeiro da Coroa, preside atos oficiais na Espanha, incluindo as regiões autônomas, bem como participa de encontros e eventos em países estrangeiros representando o governo espanhol. É responsável pelos despachos aos oficiais e suboficiais das Forças Armadas, participando ativamente dos exercícios militares de seu país. É presidente de honra de diversas instituições intelectuais e de caridade, presidindo também a Fundação Príncipe das Astúrias. O Príncipe Filipe é também Príncipe de Girona e Príncipe de Viana; Duque de Montblanc, Conde de Cervera e Senhor de Balaguer. 

Em 2003, também na presença de membros da Família Imperial do Brasil, o Príncipe das Astúrias se casou com Letícia Ortiz Rocasolano, famosa jornalista nascida em 1972 em Oviedo, como quem tem duas filhas: a Infanta Leonor e a Infanta Sofia.   

Como sucessor, o Príncipe Filipe será coroado como Sua Majestade, o Rei Filipe VI da Espanha.  

sábado, 24 de maio de 2014

Câmara Municipal do Rio de Janeiro homenageia a Princesa Dona Isabel

Postado em 24/05/2014 | Atualizado em 25/05/2014 às 22h11

Dona Christine e Dom Antonio de Orleans e Bragança
acompanhados pelo Vereador Cesar Maia
 

Mais de 100 pessoas estiveram presentes a sessão da Câmara Municipal do Rio de Janeiro, na homenagem à Princesa Dona Isabel, pelo transcurso da data comemorativa da Lei Áurea.  

Dona Christine e Dom Antonio de Orleans e Bragança representaram a Família Imperial. Presentes inúmeros membros do Círculo Monárquico do Rio de Janeiro e monarquistas de diversas entidades, além do Abade do Mosteiro do Rio de Janeiro, S.E.R., Dom José Palmeiro Mendes, OSB.  


O destacado professor José Ubaldino Motta do Amaral que palestrou sobre a homenageada, destacando detalhes da vida e dos feitos da Princesa Redentora, conforme transcreve o Blog Monarquia Já através de indicação de seu colaborador e membro do Círculo Monárquico de Juiz de Fora, Jean Menezes do Carmo:    
 
Exmo. Sr. Vereador César Maia, Altezas Imperiais e Reais D. Antônio e D. Christine, Príncipes do Brasil e de Orleans e Bragança, demais membros componentes da Mesa, Senhora e Senhores.
 
Pedem-me para falar sobre a Princesa Isabel,  e eu pergunto: 
 
Quem foi a Princesa Isabel?
 
Se fôssemos fazer uma pesquisa de rua, teríamos, com certeza, um resultado espantoso. Não tendo uma equipe que pudesse realizar tal pesquisa, fiz uma consulta entre pessoas de minhas relações, parentes, amigos, colegas de faculdade, de trabalho e da paróquia a que pertenço, empregadas domésticas, operários e até motoristas de táxi, e verifiquei: 
 
a)    60 entrevistados (entre 8 e 96 anos, brancos, negros, mulatos e orientais; de analfabetos a doutores; de ambos os sexos; dos economicamente menos favorecidos aos mais favorecidos), 36 acertaram sucintamente “Foi a Princesa que libertou os escravos”; dos 36, somente 8 acertaram a resposta da pergunta: “Por que a Princesa pôde libertar os escravos?; dos 8, somente 1 acertou o ano em que ela faleceu. 
 
Obtive respostas espantosas. Um a associou ao Zumbi dos Palmares; outros disseram que ela era mulher de D. Pedro II. Uma ainda achava que ela era “a rainha malvada que mandou matar Tiradentes”. Se perguntarmos por que ela pôde libertar os escravos, pouquíssimos saberão dizer. Ouvi até que “ela era princesa e podia fazer o que queria” Quando, eu disse que ela tinha falecido em 1921, foi um espanto geral. Até hoje, uma dessas entrevistadas, ainda lúcida aos 97 anos (nascida em 1917), se sente orgulhosa de ter sido contemporânea de Princesa, e me agradece a informação. A impressão geral que se tem é que ela embarcou para o exílio e desapareceu nas brumas do oceano. 
 
Qual a causa dessa desinformação? E quem é a Princesa Isabel?
 
a)    A maior personalidade feminina da História do Brasil, entretanto a mais caluniada e mais difamada.
Viveu 45 anos no Brasil e 31 no exílio. No Brasil, a partir de 1871, ano em que sancionou a Lei do Ventre Livre, passou a ser atacada da maneira mais baixa e cruel possível. Devemos nos lembrar que o partido republicano se originou de uma reação dos escravocratas contra essa lei. Os republicanos sempre foram aliados dos escravocratas e, com honrosas exceções, só se tornaram abolicionistas depois da Lei Áurea. De 1871 a 1889, foi atacada, de maneira brutal, pelos republicanos, mas não defendida pelos monarquistas. Dizem que os ministros – até conhecê-la melhor, com honrosas exceções, apenas toleravam-na. Era classificada de inepta, ignorante, fútil, interesseira – pasmem – adúltera. Em 1889, expulsa do país pelo golpe militar, ela foi propositalmente esquecida. A imprensa, não mais tão livre como no Império, a tratava com desprezo e com uma certa ironia, como se ela tivesse sido um mal necessário ao Brasil.
 
Entretanto, em 1921, o presidente Epitácio Pessoa decretou um luto oficial de três dias por seu falecimento, mas ela voltou a ser realmente lembrada em 1930, quanto caiu a primeira república (1891-1930), e assim foi até por volta de 1964, quando caiu a quarta república (1946-64), principalmente em 1946, ano de seu centenário, quando o túnel do Leme foi duplicado e a aberta a avenida que tem o seu nome. Façamos um parênteses: hoje estamos na sétima república (1988), o que nos dá mais repúblicas do que reinados, pois estaríamos no quinto. 
 
A partir de 1988, ano do Centenário da Abolição, quando procuraram minimizar sua atuação, voltou a ser caluniada como enquanto aqui vivia. Era o regime republicano, que, não podendo mais negar seus próprios erros e vícios espalharia boatos sobre erros imaginários da monarquia, principal- mente, dos atos da Princesa.  
 
A desinformação sobre a Princesa Isabel é proposital. A Princesa Isabel encarnava as virtudes que e república queria ter e não tinha por sua origem. Toda a desinformação foi baseada em quatro sofismas que procuraram desmoralizar sua memória.
 
1)    Julgar personalidades e fatos do passado pelos padrões atuais (somente Cristo seria aprovado se assim julgado);
 
2)    Confundir república com democracia (As maiores democracias do mundo atual são as monarquias, citando-se por continente: Europa, Noruega; Ásia, Japão; África, Marrocos; América, Canadá; Oceânia, Nova Zelândia;
 
3)    Identificar a escravidão com a monarquia (A história da monarquia brasileira é a luta, durante oitenta anos, contra a escravidão);
4)    Ver na república um estágio superior do desenvolvimento político (Se assim fosse, a América Latina seria um paraíso democrático, e absolutamente não o é). 
 
b)    Símbolo da mulher discriminada e vítima de preconceitos: Ela foi realmente discriminada. Hoje, os que tanto falam – e com razão – dos preconceitos e da discriminação sofrida pela mulher através dos séculos, deviam erigi-la em patrona das discriminadas, pois nenhuma mulher brasileira foi mais discriminada que ela, e por causa de atributos pessoais dos quais ela não podia se livrar.  
 
1 – Era Princesa Imperial
A sucessão ao trono, regulada pelo art. 117 da Constituição de 1824, rezava, muito claramente, que esta se daria na descendência do Imperador D. Pedro I, preferindo-se as linha anteriores às posteriores; na mesma linha, o grau mais próximo ao mais remoto; no mesmo grau, o sexo masculino ao feminino; no mesmo sexo, o mais velho ao mais moço. Ela se encaixava neste último item. O Imperador tivera duas filhas que chegaram à idade adulta: ela e sua irmã mais moça, Leopoldina. Ora, ela era a mais velha. Mesmo que renunciasse ao cargo, sua herdeira seria outra Princesa Imperial. 
 
2 – Era mulher; a mentalidade brasileira era extremamente machista. Ninguém criticava a Inglaterra e, mais tarde, a Holanda por serem governadas por rainhas.
 
Até as mulheres brasileiras não achavam de bom tom uma mulher no trono brasileiro. 
 
3 – Era católica, mas acusada de ser fanática. O que se entende por fanatismo? As quatro atitudes do homem frente à vida: saber (ciência), fazer (técnica), sentir (arte) e crer (fé); o fanático é aquele que não admite nada além da fé; como os positivistas que chegaram a provocar uma revolta da escola militar contra a obrigatoriedade da vacina, certas seitas fundamentalistas (que se dizem cristãs), que não aceitam transfusões de sangue ou de medula; os fundamentalistas islâmicos. Mas ela não era mais católica do que as senhoras piedosas de sua época. Mais que isso: era profundamente cristã: amava a Deus sobre todas as coisas, quer se tratasse de sua pátria ou de sua família. A Deus ela recorreu em todas as crises da vida: a esterilidade, a política e os problemas de família. Apesar de não ser atendida em suas preces, ela nunca se revoltou. Na sua última doença, declarou ao confessor que ia administrar-lhe os últimos sacramentos: “Desejaria permanecer por mais algum tempo entre os meus, mas Deus sabe o que é melhor para nós”. Suas devoções nunca atrapalharam suas funções políticas. Poderia deixar de ser católica? Como seria julgada pela sociedade brasileira se se convertesse a outra fé? Ou se se declarasse ateia? Criticaram muitos suas devoções. Em todas as ocasiões dolorosas de sua vida, entregou a Deus a solução delas. Quais foram essas ocasiões? 

ESTERILIDADE: seis gravidezes e três filhos: dois abortos espontâneos e uma menina natimorta. Enquanto sua irmã Leopoldina teve quatro meninos, Isabel não teve nenhum. Em 1868, vai a Caxambu, onde paga a promessa antes de receber a graça, a construção da capela a Santa Isabel da Hungria. Em 1869, ela se oporia a ida do Conde d’Eu ao Paraguai, temendo que ele morresse antes de ao menos ela lhe ter podido dar um filho.  

Não havia um real problema de sucessão, porque seus sobrinhos eram seus herdeiros constitucionais. Mas, havia o forte instinto de maternidade. Mas ela tudo fez para ser mãe. Em 1871, ao assinar a Lei do Ventre Livre, ela estava grávida. Abortaria no mês seguinte. Tratando-se na Europa com o Dr. Depaul, ela engravida, mas voltando ao Brasil, teria a menina que nasceria morta. Em nenhum desses revezes ela esmoreceu; entregou tudo nas mãos de Deus e continuou a pedir-lhe a graça da maternidade. Somente ao completar onze anos de casada, em 15 de outubro de 1875, num parto extremamente difícil, atendida pelo mesmo Dr. Depaul, auxiliado pelo Dr. Sabóia Lima, e pela enfermeira Soyer, juntamente com seus pais e com a Condessa de Barral, ela dá a um a D. Pedro de Alcântara que, por causa de trauma sofrido na vértebra cervical, nasceria com o braço esquerdo paralisado. 

SAÚDE DO FILHO – Passou um ano na Europa. Tratamento deu resultado. D. Pedro aprovado para as Escolas Militares que frequentou na Áustria. Era exímio cavaleiro e atirador. 

LEI DO VENTRE LIVRE E LEI ÁUREA – Não tomou decisões políticas sem dúvidas ou hesitações. Muito pensou, pediu conselhos e teve seus embates íntimos. “Subi ao meu quarto e, de joelhos, agradeci a Deus ter podido tomar uma medida tão humanitária”, confessou a amigos, depois de assinar a sanção da Lei Áurea. 

4 – Era casada com um estrangeiro.

Era preciso que se casasse. A primeira obrigação de um príncipe é a continuidade da dinastia; seu marido e primo-segundo, Gastão, conde d’Eu, foi verdadeiro “saco de pancadas” da oposição republicana. 

De início, o Conde d’Eu, de apenas 22 anos, um tanto imaturo, parece ter pretendido ser autoritário, também no sentido político, para com a esposa. D. Pedro II tratou de fazê-lo ver seu lugar constitucional. A Princesa Isabel gostava mais de ser secretariada por ele (dizia que ele preparava-lhe as “papinhas”), homem extremamente organizado, que nunca jogava fora um papel, do que de ouvir suas opiniões. Além do mais, muitas vezes suas opiniões divergiam como acontecia nas sessões do Conselho de Estado, do qual ambos, por regra constitucional, faziam parte. Era tido como orgulhoso e pouco simpático, por causa da extrema surdez, que o impedira de aceitar um lugar de professor da Academia Militar, pois não ia conseguir ouvir as perguntas e respostas dos alunos. No final da vida, usava um cone acústico. Agiu estritamente dentro da constituição. Mas a grande divergência, que nos mostra a diferença de caráter de ambos, foi por ocasião do oferecimento pelos militares golpistas de uma indenização no valor de quatro toneladas e meia de ouro, ao Imperador para abdicar. A Princesa, sempre idealista, como foi dito, rejeitou-a horrorizada. O Conde d’Eu, mais prático, era de opinião de que D. Pedro II deveria aceitá-la. 

Todos os políticos contemporâneos são unânimes em afirmar que o Conde d’Eu não influenciava em nada a Princesa Isabel.  

Nenhuma das causas pelas quais era atacada prejudicava a nação. 

c)    Símbolo de um Brasil legítimo, verdadeiramente brasileiro.

Em 17 de novembro de 1889, foi expulsa do país como indigna de nele viver. Como isso pôde acontecer? Afinal, sua situação política era perfeitamente legítima e legal. Donde proviria, então, o direito de se fazer com ela e com toda sua família o que tinham feito? Se, nas democracias – e o Brasil era a maior democracia das Américas –, todo poder emana do povo e em seu nome é exercido, de onde vinha esse poder que a expulsava, já que não provinha do povo nem de seus representantes legais (O Imperador e a Assembleia Geral [Parlamento])?  

A única resposta que temos é: não vinha do direito, vinha da força, e da força bruta. Quando dois dias antes, o general Deodoro resolvera, num ato covarde, de desobediência, de perjúrio, de ingratidão pessoal, e, principalmente, de antipatriotismo, “proclamar” a república, ele matou, no Brasil, o estado de direito. Acabou-se, para nós, a força do direito. Passaríamos, então, ao direito da força, mentalidade que, até hoje, vigora entre nós, pois aceitamos como ético qualquer ato de força, desde que defenda os interesses de uma classe ou de uma corporação, a que pertençamos ou que nos julguemos pertencer. O pensamento – ensinado nas Faculdades de Direito – que a força cria um novo direito, anulando o direito anterior, é totalmente imoral; transforma o direito na força do mais forte; e a lei, neste tipo de direito posto no papel. Pode existir a legalidade, mas não há a legitimidade. Assim, hoje, muitos se horrorizam com as ditaduras fascistas e comunistas que existiram e ainda existem no mundo, mas se esquecem que elas foram ou são legais, pois estão dentro da lei que presentemente vigora nesses países. No verdadeiro pensamento ético, o direito violado se torna moralmente inalienável. Não há constituição, lei ou decreto que o anule. A legitimidade nada mais é que o direito por meio do direito. Se aceitamos o direito de golpe político, temos que aceitar tudo, até mesmo que os traficantes de drogas, pessoas e armas se apossem do governo. 

Tem-se a impressão que tal mentalidade do direito da força sempre existiu no Brasil. Não é verdade. Até 1889, nada no Brasil se fizera na ilegalidade, nem mesmo as grandes mudanças que nos levaram à igualdade política (soberania, constitucionalização e a independência), e a caminho da igualdade social (abolição da escravatura). 

A História do Brasil é uma história constante evolução.

De uma terra identificada, já em seus domínios teóricos, pelos navegadores portugueses, no tempo do Rei D. Manuel, e dividida em quinze capitanias por D. João III, a uma nação politicamente independente, o Brasil evoluiu constantemente. As mesmas capitanias foram ligadas entre si por um Governo Geral, que transformado em Vice-Reino, atravessou os séculos XVI, XVII e XVIII.  

A grande mancha, que nos iria acompanhar durante toda a história, foi a escravidão africana. Não havia outra maneira de levar a colonização à frente, com uma população branca tão pequena e – diga-se de passagem – avessa ao trabalho braçal. Porque, para o português, o trabalho braçal era indigno. A Península Ibérica cristã, invadida e dominada pelos mouros muçulmanos, levou 700 anos para expulsá-los. O mouro ficou, para sempre, no espírito ibérico, como símbolo do inimigo anticristão. Mas o mouro trabalhava no campo, mourejava. Ora, assim, tal trabalho era mal visto pelo cristão que queria ser cavaleiro. Daí, em última análise, a necessidade do braço escravo negro na colonização brasileira. 

Foi uma colonização boa? À primeira vista foi inferior às colonizações espanhola e inglesa. O português, sempre tendo que se defender da absorção castelhana, nunca pode admitir uma nação múltipla. Assim, sua política nunca foi a de desenvolver a colônia senão para sustentar a metrópole. Tal política havia de provocar reações da identidade nacional que se formava. Quando tais reações estavam chegando a um ponto crítico, uma personalidade internacional tomou uma resolução decisiva. 

Em 1807, o Imperador Napoleão Bonaparte, ao ver que Portugal não se submeteria à sua vontade (bloqueio continental) decretou sua extinção e sua divisão entre seus aliados, mas não imaginava o benefício que estava fazendo ao Brasil. O Príncipe Regente D. João, ao fugir com o governo português para a colônia, se tornaria o fundador da nacionalidade brasileira, e iria redimir todos os erros cometidos pela colonização lusa, dando-nos soberania e a unidade política, enquanto a América Espanhola se fragmentava em repúblicas mais ou menos lamentáveis, que se tornariam, rapidamente, objeto da ambição e da cobiça do imperialismo dos Estados Unidos. Realmente, D. João VI fez o Brasil progredir trezentos anos em treze (1808-21).  

E a evolução brasileira continuou, cada vez mais rapidamente: em 1808, de colônia explorada, com as quinze capitanias, passamos a sede da monarquia portuguesa, com dezoito províncias; em 1815, a Reino Unido a Portugal e Algarves, obtendo, assim, nossa soberania; e, em 1821, a monarquia constitucional.  

Ao tentar desfazer as reformas de D. João VI em favor do Brasil, a constituinte portuguesa (cortes) provocou o movimento da independência, apoiado pelo Regente D. Pedro, que se tornaria o Imperador D. Pedro I. A revolução da independência foi uma revolução legítima, pois manteve a nossa evolução, manteve os nossos direitos à soberania nacional que já possuíamos. 

A Constituição de 1824 não foi outorgada como geralmente se ensina. A outorga dá ideia da cessão de um direito. Ora, D. Pedro I não tinha nem se sentia com direitos de soberano absoluto, por isso não se pode dizer que ele outorgava nada ao povo. Essa outorga já havia sido feita por D. João VI em 1820, ao aceitar o fim do absolutismo no Reino-Unido. A Constituição de 1824 apenas não foi feita por uma constituinte eleita, mas nomeada, e esse fato a tornou superior a qualquer das sete (1891, 1934, 1937, 1946, 1967, 1969 e 1988) que a seguiram; é considerada, hoje, por todos os estudiosos, brasileiros e estrangeiros, como um monumento jurídico. Ela nos daria a estabilidade política por quase 70 anos. A criação de um poder neutro, fiscal, apartidário, o Poder Moderador, foi de um acerto extraordinário. Com ele, o Brasil continuou a evoluir politicamente. Quando exercido por pessoas não habilitadas, de 1831 a 1840, no chamado período regencial, a unidade nacional quase naufragou. Um menino de 16 anos incompletos, conseguiu recuperar o país. Por que? Porque ele era, como seu avô e seu pai, um símbolo vivo da nação.  

Resolvido o problema da unidade, sobrava o problema social da escravidão. Hoje em dia, muito se costuma identificar a monarquia com a escravidão, a alegação foi muito usada na propaganda republicana na época do Plebiscito.  

Pelo contrário: a história da monarquia brasileira resume-se em sua luta contra a escravidão. D. João VI já demonstrara comiseração para com os negros. D. Pedro I, em 7 de abril de 1831, teve de abdicar – sabe-se hoje – porque a Fala do Trono, com que ia abrir a Assembleia Geral (Parlamento) em 3 de maio, solicitava aos deputados que pensassem numa solução para o problema escravo.  

Conhecem-se as leis antiescravagistas durante o reinado de D. Pedro II: a Lei Eusébio de Queiroz (Lei do Trafico), que proibia o tráfico negreiro; a Lei Paranhos (Lei do Ventre Livre), que declarava livres os filhos nascidos de escravas; a Lei Saraiva-Cotegipe (Lei dos Sexagenários), que libertava os escravos aos sessenta anos de idade; e finalmente a Lei Áurea, que extinguia a escravidão no Brasil.  

A Princesa Isabel esteve ligada a dois desses fatos. Ela, como regente do Império, em lugar de seu pai, como chefe do Poder Moderador e chefe nominal do Poder Executivo, sancionara as duas leis, respectivamente em 28 de setembro de 1871 e em 13 de maio de 1888. 

Costuma-se considerar que o golpe militar que nos impôs a república foi uma consequência da abolição da escravatura. A Princesa teria sacrificado seu trono em prol dos escravos. Realmente, ela arriscou que os senhores de escravos, que tiveram sua propriedade confiscada pela Lei Áurea, viessem a eleger uma maioria republicana. O Presidente do Conselho de Ministros (Primeiro-Ministro) teria, assim, de ser escolhido dentre essa maioria. Ele, certamente, solicitaria da Câmara uma lei que abolisse a monarquia, que deveria ser – tal como cerca de 60 anos mais tarde aconteceu na Islândia, ao separar-se da Dinamarca – sancionada pelo Imperador. A tal circunstância realmente ela se arriscou. Mas, o que aconteceu foi algo inteiramente diferente: o partido republicano perdeu duas das quatro cadeiras que ocupava na Câmara. A Princesa passou a gozar de imensa popularidade. Onde quer que aparecesse era ovacionada. Desapontados, os republicanos viram que só poderiam chegar ao poder através de um golpe de força.  Aproveitaram-se do desentendimento do Partido Liberal com o Clube Militar, espalharam boatos e aconteceu o que aconteceu.  

Sabemos muito de sua vida no Brasil. Felizmente, há inúmeras boas obras a seu respeito, escritas por pesquisadores sérios e isentos, desde Pedro Calmon até Jacobina Lacombe. Há mesmo um que só trata de suas gravidezes (sempre de risco) e seus partos difíceis, de Barros Simões. Documentação preciosa se encontra nos Arquivos do Castelo d’Eu, hoje em poder do Itamarati, no Museu Histórico, no Museu Imperial em Petrópolis, no Museu Mariano Procópio, em Juiz de Fora, para citar somente os mais importantes. 

Entretanto, de sua vida no exílio, pouco se fala. Todos os seus biógrafos tratam seus últimos trinta anos de vida em poucas páginas, no máximo em um capítulo. Até mesmo Alberto Rangel que em sua obra “Gastão de Orleans, o último Conde d’Eu”, abrevia os trinta anos em poucas páginas. Fato bem estranho, pois ele, como historiador e bibliotecário, foi contratado pela Família Imperial para organizar os Arquivos do Castelo d’Eu. 

Desse período temos fontes fidedignas:

1) Um Jovem Príncipe Cristão – D. Luis Gastão do Brasil (Um jeune Prince Chrétien – Louis d’Orléans-Bragance), de Monsenhor René Delair (tradução publicada na Internet)

2) De todo Coração (Tout m’est Bonheur), de Isabel de Orléans e Bragança, condessa de Paris (tradução publicada)

3) Minha Mãe, a Princesa Imperial Viúva (Le Temps de ma Mère), de Pia Maria, Princesa Imperial do Brasil, condessa Renato de Nicolaÿ (tradução não publicada)

4) Memórias, de Alberto Latapie, administrador do Castelo d’Eu (já traduzido e não publicado)

5) Correspondência passiva – Arquivos do Castelo d’Eu

6) Correspondência ativa – Em vários arquivos.  

Podemos dividir esses 31 anos em três período. O primeiro que vai de 1891 a 1901, depois de ser obrigada a aviver modestamente com uma mesada dada pelo sogro, ela, com a herança recebida de D. Teresa Cristina, adquire o palacete de Boulogne-sur-Seine (1895), onde instala sua casa brasileira, inclusive com uma pequena capela, onde introniza a Rosa de Ouro, condecoração que merecidamente recebera do Papa Leão XIII. É o período em que o casal se dedica à educação dos três filhos, matriculados, primeiramente, no Colégio Stanislas, em Vaugirard e, mais tarde na Escola Militar de Wienner-Neustadt, e Mariahilfestrasse, em Viena, ambas na Áustria, de onde os três sairiam oficiais do exército imperial austro-húngaro. 

Nesse período, em 1895, Alberto Latapie é contratado. Falecem o Duque de Nemours e sua filha Margarida Czartoryska. Trava conhecimento com José Sarto, Patriarca de Veneza. Ela felicita-o por ter sabido que ele aprovara, depois de uma entrevista, a entrada de uma negra sudanesa, num convento nas irmãs canossianas. Como ela, ele mostrara não ter preconceito de raça. Este patriarca se tornaria o Papa Pio X, hoje São Pio X; a negra sudanesa, Santa Josefina Bakhita.
Dá-se a tragédia do incêndio do Bazar de Caridade, em 4 de maio de 1897, onde morre a Duquesa de Alençon. O Conde d’Eu estava na Itália em visita a um tio. A Princesa, que colaborava com a concunhada, Duquesa de Alençon,  teve de voltar para casa cedo, e pediu a Latapie que levasse um recado à Duquesa. Ele chegou e encontrou o local em chamas. “Soube que Cândido Guimarães – amigo de seus filhos – tinha chegado, perguntado se D. Isabel estava em casa e – resposta positiva – tinha lhe contado que o Bazar de Caridade, onde havia muita gente, tinha sido destruído por um incêndio, e que estavam muito preocupados com a duquesa de Alençon, de quem nada sabiam o que tinha acontecido. Imediatamente, a Princesa pediu o coche e dirigiu-se sozinha a Paris. Não quis levar Latapie, nem D. Antônio (15 anos), considerado muito jovem para ver corpos carbonizados. Os outros filhos estavam na Áustria. Ela voltou tarde; tinha empreendido todas as buscas possíveis e imagináveis. No Palácio da Indústria, para onde tinham sido levados os corpos das vítimas, não se tinha ainda certeza de que a duquesa de Alençon estava entre os irreconhecíveis”.  Realmente, seu corpo somente foi reconhecido por seu dentista, através da arcada dentária.
O segundo vai de 1901 a 1914. Os filhos atingem a maioridade e cada um recebe seu diploma nas respectivas escolas militares. D. Antônio, o mais moço, se apaixona pela princesa Adelaide de Bourbon-Parma, filha do Duque de Parma, que não aceita sua corte, apesar de seus pais e a Princesa e o Conde d’Eu aprovarem o casamento. Com o falecimento do Duque de Parma, em 1907, ela e duas irmãs se tornam monjas beneditinas. Desiludido, ele decide não mais se casar, e passa ter uma vida um tanto folgada, com namoros e casos amorosos, para o desespero da Princesa, sempre preocupada com a salvação da alma dos filhos.
Nessa época, seu marido adquire o castelo d’Eu. Construção com cerca de 300 anos, teve, em 1902, toda a parte sul destruída por um violento incêndio que poupou apenas a  capela  e o banheiro. Seu proprietário, o Duque de Orléans, Chefe da Casa Real de França, pretendia demolir o que restava dele, mas, em 1904, aceitou vendê-lo ao Conde d’Eu. Infelizmente, este preferiu adquirir somente o castelo, mas não a floresta anexa, e aplicar seu dinheiro em ações na Bolsa de Paris. Foi um erro fatal. O castelo não pôde se manter sem a floresta e seus herdeiros acabaram tendo de vendê-lo na década de 1960. Mas, em 1905 os trabalhos de restauração foram levados a cabo pelo Conde d'Eu e, mais tarde, por seu filho D. Pedro de Alcântara.  Nessa propriedade, o Conde d’Eu se sentiu realizado. Na vida política do Brasil, fora um verdadeiro “saco de pancadas”. Agora, estava na França, onde não era mais hostilizado, e instalado no castelo que levava o seu nome. Não podemos deixar de lhe dar uma certa razão. Talvez essa plena realização entristecesse um pouco a Princesa Isabel, sempre saudosa do Brasil. Sua neta, a Condessa de Paris, testemunha que seus avós habitavam os mesmos aposentos, conversavam muito, nunca discutiam, mas jamais riam. 

Vai a Roma algumas vezes. Tem entrevistas com os papas Leão XIII e Pio X. Bento XV não a conheceu. Seu pontificado teve a duração da I Guerra Mundial. E ela, só saiu uma vez da França, para ir a Espanha.

Sempre manteve contatos epistolares com o Brasil. Politicamente, desaprovou o uso da força para uma restauração da Monarquia. A muitos (João Alfredo, Gunbçeton Daudt, Visconde de Maracaju) concedeu licença a ela solicitada para exercerem cargos no governo, já que eram para o bem do Brasil. O único a nunca aceitar cargo algum apesar de sua licença, foi o Visconde Taunay, que ficou numa situação de penúria, mas sempre fiel à memória do “seu Imperador” e à “sua Imperatriz”. 

Nessa época, D. Luís conhece a princesa Maria Pia de Bourbon-Siília, sua prima-segunda, filha do Conde de Caserta, Chefe da Casa Real das Duas Sicílias, então exilado em Cannes. A princesa era um tipo de beleza. Declarou aos pais que só se casaria com ele e com mais nenhum outro. Ele comunicou aos pais que desejava pedi-la em casamento, aprovado totalmente pela Princesa Isabel, pois o Conde e a Condessa de Caserta eram seus primos-irmãos. Esse casamento levaria quase cinco anos para se realizar.

A Casa Real de França em vias de extinção. O Conde d’Eu vê a possibilidade de criar um ramo francês em sua descendência. Tenta convencer a D. Luís de renunciar seus direitos brasileiros para se candidatar a essa presumida herança, mas este se nega peremptoriamente. Mas D. Pedro de Alcântara cede.  Mais ou menos na mesma época que o irmão, ele tinha conhecido a condessa Elisabeth Dobrzensky de Dobrzenicz, da alta nobreza da Boêmia, cujo castelo passou a frequentar. Mas a condessa não é aceita pela Casa Real de França, por não ter sangue real (Alteza). É a condição que D. Pedro exige para sua renúncia. No documento da renúncia, ele não cita o motivo. Se citasse, ela seria inconstitucional, pois a Constituição de 1824 não tratava no casamento dos príncipes, mas somente de uma imperatriz reinante.  

A Princesa sentiu que sua família, que era, até então, a Família Imperial do Brasil, se dividia. Foi obrigada a aceitar – desculpem-me a expressão – aquela “desculpa esfarrapada” de um casamento desigual. Ela, pessoalmente, não nutria sentimentos tão aristocráticos como a Casa Real de França. D. Pedro de Alcântara renunciou aos seus direitos para atender o desejo paterno. Aplicaram um dispositivo francês na Família Imperial brasileira. Criou-se uma condição supraconstitucional, que não tinham direito de criar, pois só a Assembleia Geral Imperial (então inexistente) tinha autoridade de alterar a Constituição. Isso, naturalmente, não invalida essa renúncia, nem a todas que a seguiram através dos tempos. 

13 de julho de 1905 – Santos Dumont cai com seu balão sobre uma árvore da propriedade vizinha, ficando preso entre os galhos até ser retirado por bombeiros. A princesa Manda-lhe um farnel para que almoçasse ali mesmo e lhe dá uma medalha de São Bento, protetor contra acidentes. Ele que se torna amigo de seus filhos, tendo mesmo levado com ele em seus voos.

Os dois mais velhos se casam em 1908. Pela praxe, D. Luís, como herdeiro da Chefe da Casa Imperial, teria que se casar em sua cidade, Boulogne-sur-Seine, já que lhe era interdito casar-se no Brasil. D. Pedro de Alcântara, em Chotebor, castelo da família dos condes Dobrzensky. Entretanto, este se casa em Versalhes (14-11), depois de seu irmão ter-se casado em Cannes (04-11). Fato inexplicável.

 Vieram os netos, Pedro Henrique (1909), Luís Gastão (1911), e Pia Maria (1913), de D. Luís; Isabel (1911) e Pedro Gastão (1913), de D. Pedro de Alcântara. Constatada a gravidez de sua nora Maria Pia, o ideal seria que o primogênito de D. Luís nascesse no Brasil, hipótese impossível. Mas houve um gaúcho que ofereceu à Princesa Isabel (mediante recado verbal, pois carta podia ser aberta e seu plano denunciado) sua estância na fronteira uruguaia, que punha à disposição da princesa Maria Pia, com médicos e todo o pessoal necessário, para que tivesse ali o seu bebê, já que o casal poderia viajar até o Uruguai e ela, não exilada por lei, atravessar a fronteira, acompanhada de parentes. Outro, baseando-se no mesmo fato e comunicando-se da mesma maneira, achava que ela deveria desembarcar no Rio de Janeiro, usando seu passaporte francês, com o nome de solteira.

Participa esses nascimentos com grande alegria. D. Pedro Henrique, conforme mandava a tradição, nasceu e foi batizado em Boulogne (Palácio da Imperatriz). Teria o título de Príncipe do Grão-Pará. A água foi levada do chafariz do largo da Carioca pela baronesa de São Joaquim. O postal com a foto da cerimônia correu o mundo. 

Como seu herdeiro direto, D. Luís passa a ter uma ação política que literalmente apavora a república. “Todos ficavam fascinados com aquele moço de olhos azuis, aquele brasileiro exilado que falava do Brasil sabendo tudo, prevendo tudo, amando todas as coisas, amando todos os homens de sua terra maravilhosa”.  

O terceiro, após 1914, apesar do nascimento de mais três netos [(Francisca (1914), João (1916) e Teresa (1919)], foi um período triste, marcado pela I Guerra Mundial e por dois lutos pessoais. 

Com a declaração de guerra (28-09-1914), os filhos pedem baixa do exército austríaco, mas foram impedidos de se alistar no exército francês, por serem descendentes do Rei Luís Filipe. D. Pedro de Alcântara, além do mais, não tinha condições de se alistar por ser sua esposa súdita austríaca e ter cunhados que lutavam (um deles, Jaroslau Drobrzensky, morreu na guerra) contra a França. A negativa francesa bastava para que eles ficassem em casa. Mas, novamente o Conde d’Eu, sentindo-se francês, força os dois menores a se alistarem, depois de muitas buscas, no exército inglês. Alega-se que eles iriam fazer o que o pai tinha feito pelo Brasil, na Guerra do Paraguai. O conde d’Eu era naturalizado brasileiro, mas os filhos não eram naturalizados franceses. Talvez somente D. Antônio tivesse essa obrigação. 

Não sabemos o que a Princesa achava disso, mas podemos nos lembrar de que ela se opusera à ida do marido para o Paraguai. Ela preferia um tratado de paz à vitória dos aliados: percebera que uma guerra total levaria as monarquias europeias ao fim. A decisão, tomada por D. Luís, de lutar pela França, foi, no mínimo, desastrada. Sua morte traria enorme prejuízo para o movimento monárquico brasileiro. 

Acabada a guerra (11-11-1918), D. Antônio, obrigado a voltar para a Inglaterra e juntar-se à sua corporação, sofre um acidente aéreo em Londres e falece (29-11-1918), em plena paz.  

D Luís, que já sofria de reumatismo, conforme atesta Latapie, acaba piorando e termina paralisado numa cadeira de rodas. Teve de se retirar da frente e batalha e se recolher a Cannes, na casa do sogro, onde o clima era mais ameno do que em Eu ou em Boulogne. Em 1920, apanha uma pneumonia e morre em poucos dias (26-03-1920), deixando a viúva e três filhos de 11, 9 e 7 anos, que não conheciam o Brasil. 

Só então, livre de quem o apavorava, o governo brasileiro resolveu abolir a lei do banimento. Não temia uma velha senhora e uma viúva com três meninos. Autorizou a vinda dos restos mortais de D. Pedro II e da Imperatriz Teresa Cristina para o Brasil, e o conde d’Eu veio, acompanhado de D. Pedro de Alcântara, trazê-los aqui. A Princesa não voltou – por falta de saúde, alegaram – mas, como diz Jacobina Lacombe, porque não podia aceitar que um regime espúrio lhe concedesse licença de voltar ao Brasil, sua pátria. Para cá ela voltaria ou como Imperatriz ou somente morta. Ele nunca esqueceria que a república fora feita contra o terceiro reinado. 

Voltou morta. Seus restos mortais estão hoje, como os deu marido, na Catedral de Petrópolis.  

PRINCIPAIS CIRTUDES DA PRINCESA ISABEL 

CARIDADE – Monsenhor Renato Delair: “Primeiro, o exemplo da Princesa Isabel, a amiga dos pobres e dos humildes, a quem Monsenhor André Du Bois de La Villerabel, arcebispo de Ruão, pronunciando sua oração fúnebre na Colegiada d’Eu, aplicou o texto do versículo 2 do Salmo 40: “Feliz o que se lembra do necessitado e do pobre” Beatus qui intelligit super egenium et pauparem. Realmente, a Princesa se caracterizava pela extrema caridade para com o próximo.
Mas é à Condessa de Barral devemos a maioria das informações sobre a personalidade das princesas. Enquanto Leopoldina era mais bonita, mais travessa e mais voluntariosa, Isabel era doce, “um anjo de bondade” e procurava não magoar ninguém, sempre cuidando do próximo, fossem eles sua família, os criados do palácio, ou – até mesmo e quase sempre – os escravos que ia conhecendo. “A Princesa D. Isabel sempre com sua inalterável bondade e angélica candura que cada vez mais a metem dentro do meu coração”. Desde criança se interessava pelos deserdados da sorte: órfãs da Santa Casa, criados do palácio de São Cristóvão e – escravos. Nisso vemos bem a orientação de seus três educadores: o Imperador, a Imperatriz e a Condessa de Barral.
A Baronesa de Suruí e a Condessa de Lajes, damas do paço ainda do tempo de seu avô, faziam questão de acompanhá-la, em certas ocasiões oficiais, como mandava o cerimonial, mas devido à idade, não conseguiam acompanhá-la. A Princesa tinha de diminuir os passos, mas as tratava com toda deferência. “Pobre de sua filha – escreve a Condessa de Barral a D. Pedro II – que se vê obrigada a arrastar atrás de si duas velhas”. A Princesa só as dispensou quando as mesmas pediram aposentadoria.
Em outubro de 1895, o criado Alberto Latapie é contratado e, em suas memórias, nos informa: “A Princesa me disse que eu estaria a seu serviço como lacaio e prometeu a meu pai que tomaria muito cuidado comigo – o que ela fez durante toda a vida. 
D. Isabel saía muito e, geralmente, eu ia sempre com ela, sentado na boléia do landó. Uma vez por mês, às 7 horas da manhã, ela ia a Versalhes onde tinha seu confessor. Ela tomava o café da manhã na casa paroquial e, de lá, ia ao encontro da baronesa de Muritiba para passearem por Paris até a hora do almoço, quando, muitas vezes, o cocheiro aproveitava para trocar os cavalos para o período após o meio-dia. Nesses passeios, a Princesa fazia muitas visitas: hospitais, clínicas, pobres, e, frequentemente, lhe faltava dinheiro por serem tantas as esmolas que desejava dar.  

Durante a guerra, sua nora Elisabeth Dobrzensky ficava numa situação difícil na família. Era austríaca e a França combatia a Áustria; tinha irmãos combatendo pelos Impérios Centrais; tinha cunhados combatendo pelos aliados. Mas a Princesa Isabel, que rezava mais pela paz do que pela vitória, jamais falou contra os inimigos da França diante da nora e proibiu a todos, parentes e criados, que fizessem qualquer insinuação que pudesse magoar Elisabeth, como esta própria atestou.  

ALMA DE APÓSTOLA – Uma vez, teve de pedir dinheiro emprestado à baronesa de Muritiba e outra vez, a Eufrásia Teixeira Leite, por ter gastado todo o dinheiro que tinha consigo em doações e esmolas. Num determinado dia, dirigiu-se à casa bancária que cuidava de suas finanças, sendo recebida pelo gerente, bastante espantado, já que senhoras raramente ali entravam, que a conduziu até seu gabinete e lhe forneceu dinheiro necessário. Numa demonstração de gratidão, deixou-lhe uma medalha de Nossa Senhora Aparecida, embora ele lhe dissesse que era ateu. E essa medalha ainda existe, numa caixinha de cristal, espécie de relicário, hoje em poder de um de seus descendentes, numa vitrine, no salão de um apartamento em Paris, com a indicação de ser “Medalha da Virgem venerada no Brasil”, um presente da “Princesa Imperial, Condessa d’Eu em 1899”. 

Continua Latapie: “Nas noites de inverno, uma vez por semana, ela ia à Opera, onde ocupava o camarote de S.A. o duque de Aumale, tio de seu marido, e, às vezes à Comédie Française, ao camarote da Senhorita Tetseira, – não sei se escrevi  exatamente o nome – uma brasileira muito rica. Toda vez que ela ia lá, ela me pagava uma entrada. Muito tempo depois, eu soube que ela assim fazia para que eu não ficasse por longas horas, à noite, nas ruas de Paris”. 

D. Isabel recebia muitos pedidos de ajuda de várias instituições de caridade e, como nada sabia recusar, tinha muito que fazer, principalmente em correspondência. Ela costumava se deitar muito tarde e, para poupar sua camareira, contratou outra para atendê-la da meia-noite ao nascer do sol”.
Tinha uma secretária e respondia 14 a 17 cartas, conforme atesta a Condessa de Paris, o que daria um total de 72.000. Como podia ser uma correspondência semanal, se reduzíssemos para uma por dia, teríamos 10.950. Onde estarão elas? 

Mandou instalar as cozinhas econômicas no castelo d’Eu, onde verificava a qualidade da comida e, muitas vezes, sentava-se com os netos e ali almoçava.
Em  1914, a Princesa providenciou que um hospital francês e belga fosse instalado nas dependências do Castelo, para atender, principalmente, os feridos da batalha de Abeville, inclusive prisioneiros alemães. Graças aos esforços do major  Denis Sauzéat, ao auxílio de Marie Curie e à utilização da  viatura  do Príncipe Pedro de Alcântara, estabeleceu-se um posto de  radiologia  em uma das salas do castelo.

Com os bombardeios de aproximando da cidade, abriu, nos porões do castelo, um abrigo para a população da cidade, que ficava muito exposta às bombas atiradas pelos canhões alemães.
Alberto Latapie testemunha: “Durante a doença de minha mulher, ela exigia que o médico fosse ao castelo dar-lhe notícias dela, e me presenteou com uma pequena foto da irmãzinha Teresa do Menino Jesus, que lhe tinha sido dada pela superiora do Carmelo – que era irmã da irmã Teresa – que ela conservava consigo e não teria dado a ninguém senão a sua irmã; no dia seguinte à nossa partida para o Brasil, ela fez uma visita a minha mulher. Depois que ela não mais existia, me comprometi comigo mesmo a cuidar do conde d’Eu da melhor maneira possível”.

SIMPLICIDADE – Mas, sua qualidade de caráter mais visível era a simplicidade, qualidade que a acompanharia durante toda a vida.  Temos de lembrar que a simplicidade que cerca os monarcas atuais da Europa, já era praxe na nossa monarquia. Apesar de sua posição social, a Princesa Isabel vestia-se como suas amigas, nada havendo em seu guarda-roupa que a destacasse. Apenas uma vez, um jornal descreve a elegância de seu vestido. Normalmente, fazia suas compras na loja “Notre Dame”, na rua do Ouvidor, como qualquer senhora da classe média. Mesmo suas joias não eram mais valiosas do que as das damas da sociedade; ela e suas amigas se emprestavam mutuamente as joias “para variar de “toilette”. Entretanto, era obrigada a ter o seu “fardão”, vestido creme de longa cauda, bordando em dourado, acompanhado de um manto cor verde, preso aos ombros, com o qual abria a legislatura na Assembleia Geral, lendo a Fala do Trono”, versão feminina do traje “papo de tucano” de seu pai. Era afável com todos, principalmente com os negros a quem demonstrava imensa piedade. Aí vemos a influência que tiveram em sua educação, o Imperador (um abolicionista nato), a Imperatriz (a caridade em pessoa, chamada “Mãe dos Brasileiros”) e a Condessa de Barral (que sempre fora amiga sincera dos escravos de sua propriedade, libertados por ela antes da Lei Áurea). Gostava de andar a pé pelas ruas vizinhas ao Paço Isabel, em Laranjeiras, ou pelos arredores do Paço da Princesa, em Petrópolis, como nos atestou uma das filhas do Visconde de Taunay que era seu vizinho. Sua simplicidade foi aumentando com a idade, como atesta Alberto Latapie, seu mordomo no exílio, no Castelo d’Eu. Sua alimentação era bem frugal, nada querendo de excessivo para sua comodidade.

Ainda Latapie: ““Nessa época, D. Antônio foi fazer exercícios de topografia num lugarejo chamado Amstetten, onde, à noite, se alojava num pequeno albergue. Um dia, fui informado de que o conde d’Eu e a Princesa estavam por chegar. Fiquei bastante preocupado. O albergue era muito ruim. Que providência tomar? Mas, as quarenta e oito horas que o casal passou ali foram muito melhores do que poderia imaginar: a boa vontade da Princesa resolvia tudo. O conde d’Eu e a Princesa permaneceram ali, por alguns dias. Alguns dias mais tarde, seus filhos tiveram, por motivo de sua carreira militar, de se instalar num apartamento bem modesto. O casal estava lá. D. Isabel veio visitar o apartamento. Ela logo declarou que achava tudo bem instalado”.
É claro que, no Brasil, não podia desfazer-se de todas as regalias, das quais, por sua condição de segunda personalidade do país, era obrigada a gozar. Ela estava, constitucionalmente, acima de sua mãe, a Imperatriz. Na falta eventual do Imperador, ela era que deveria tomar as rédeas da nação, e não sua mãe. Mas as usou de maneira mais simples possível. 

Exemplos de seu sentimento de igualdade. 1868 – Visita a Caxambu, dança com João Pedro Américo de Mattos, mulato escuro, dono da casa que a hospedava. Mais tarde, no Paço Isabel, com André Rebouças, engenheiro negro. Ambos a venerariam até o fim da vida. Seu séquito continha damas “leite, café com leite e café”, criticava o embaixador francês. Em Paris, no ateliê onde ela fazia seus vestidos, para tirar-lhe as medidas e acertar-lhe as bainhas, dava preferência a Marie Mbane, uma costureira senegalesa, educada na França, que ali trabalhava, com quem sempre procurava conversar.  

Que podemos fazer pela sua memória. No caso eventual da abertura de um processo de beatificação, devemos, principalmente os jovens historiadores, procurar sua correspondência ativa e juntá-la num só trabalho. Essa correspondência vai nos revelar muito de sua personalidade e de suas virtudes.  

Podia-se, também, providenciar a trasladação dos restos de seus dois filhos (Luís e Antônio), de sua nora Maria Pia e de seu neto Luís Gastão, para o Brasil, já que jazem num canto escuro da cripta de Dreux, mausoléu da Casa Real de França, à qual nunca pertenceram. Seria bom que o povo os conhecesse melhor.

Talvez assim, déssemos a essa princesa brasileira, tão injustiçada pelas gerações anteriores, algo que, agora, redimisse, de vez, sua memória.

Rio de Janeiro, RJ, 20 de maio de 2014

José Ubaldino Motta do Amaral
 
 
O site da Câmara Municipal do Rio de Janeiro destaca a iniciativa do Vereador Cesar Maia e do Círculo Monárquico do Rio de Janeiro.  

ATENÇÃO


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